Dossier del volumen ‘Revagliatti – Antología Poética’, compilado por Eduardo Dalter


Prólogo de Eduardo Dalter para las ediciones soportes papel y electrónico del volumen “Revagliatti – Antología Poética”, con selección de su prologuista.

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La obra poética de Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), por lo menos la que nos motiva a este trabajo, se vivenció y escribió en el lapso que va desde la aprobación de las leyes de obediencia debida y punto final (mes más o mes menos) hasta su anulación por brutales e increíbles, y aun algunos tramos más acá. O sea, en años en que la democracia turca, o virtual, o como se le llame, dejó un pozo, entre el cablerío cortado y la pared caída. Tiempos, recordemos, de los grandes desembarcos y de las apuestas mayores, también en la cultura, con su producción de humo y de reflejo. Una realidad que el poeta fue entendiendo, y digiriendo, también como una demasía para él solo, pero tampoco quería ponerse a vivir por nada, y se entiende, en la queja de bandoneón y en la derrota. Y de ahí su paso, su vibración y su actuación sin tregua, que son muestras palpables de un nervio a cielo abierto, pero también de una herida palpitante; y así lo hemos observado más de una vez en el silabeo, a veces grave, a veces sobreactuado, de sus poemas, que van colmando el espacio con su gracia desinhibida y tensa. Así, a menudo, su poesía termina derivando en el sainete, un sainete atravesado, y condenado, de abismo y de vacío. Un modo, con una intimidad, que el poeta escogió sin más para dialogar y representar una realidad (y una trizadura, un aire), por momentos más cercana a la absurdidad, que, está visto, lo golpea y lo estremece. Un poeta que escribe –tantas veces así lo imaginé– contra las cuerdas, a veces mirando conmovido al ring-side, sabiéndose solo, para sacar finalmente, apoyado en ese espaldar de sogas, su seguidilla de golpes más precisos. Otras veces, no pocas, seguramente en la calma de su hogar, en tardes o noches lentas, el poeta juega, ríe, se da un respiro, como quien avanza en las páginas vacías, no para más que por eso mismo y para situarse mejor en su trabajo, donde la materia prima es su propio cuerpo, su propio tiempo, el tiempo de todos, comprendiendo que el juego, el sainete de los cuatro vientos nacionales, es serio, muy serio. O bien sale a caminar, a embeberse del aire de parques tan distintos, indagando en las grietas, y regresando, bajo su camisa y su pantalón puestos a prueba. En este camino, que es andado y demarcado en poema y poema, el poeta deja traslucir sus costumbres y tonos de familia y sus ancestros, y en este ejemplo, su intención, sus lugares, su voz, son muestras elocuentes y extrañas, o muy de estos tiempos, de tejidos rotos y huellas entrecruzadas, y donde más que los trayectos y procesos de la historia de una lírica, y de una mística, hay la conjunción de los materiales más diversos, en sorprendente apareamiento, del sacudido y contemporáneo mundo. Ahí aparecen, como vecinos de sus calles, y como tíos mayores y maestros, Nicolás Olivari y Julio Huasi, tantas veces abrazados o fundidos, muy en Rolando, en una u otra esquina, desde el humor y la pincelada suburbana hasta esa tensión insinuada crispación, que, con fondo de hora pico, pueblan la escena y la mirada del poeta. Una confluencia, la continuidad de un curso, no exentas de apoyaturas, que han venido confirmando un campo singular en el marco abierto de la poesía porteña. Entre sus diversos y tensados poemas, entre lo significativo de su salsa, obrando como verdaderos carnets de identidad de su obra –y además hábitat de crecimiento de este trabajo–, surgen por sí solos al recuerdo poemas como: demasiado yo para mí solo; el que refiere a la sartén (por el mango); el que atañe a las rameras y a la policía de sus cuadras; el dedicado al Episcopado o el que ahonda en su fastidio, y, entre algunos otros de la lista, finalmente, ese poema-declaración en que el poeta, otra vez en los bordes, o más allá, esgrime su arma cargada de defensa. Rolando Revagliatti, un poeta de flores, un poeta en los límites, un poeta dramático.

Eduardo Dalter

Buenos Aires, 2008

*

Comentario bibliográfico de Fernando Sánchez Zinny publicado en el Nº 94, marzo 2010, soporte papel del periódico “Desde Boedo” y en https://www.periodicodesdeboedo.com.ar/

REVAGLIATTI – ANTOLOGÍA POETICA

Rolando Revagliatti

Ediciones “La Luna Que”, Buenos Aires, 2009

Libro hermoso y merecido, tanto por quienes amamos la poesía como por su autor, personaje de Buenos Aires que, arquetípicamente, une a la no elegida condición de poeta, la voluntad generosa de vivir esperanzado. Llega esta obra, además, en instancia por demás adecuada para ensayar un amistoso homenaje a su continuado y noble ejercicio de la poesía. Hace más de cuarenta años que Rolando Revagliatti sigue ese camino, canario incansable enjaulado en un patio ruidoso y desatento. Contra viento y marea, se lo escuche o no, él es siempre él, atenido a un ritmo único y consistente, a una monotonía que sólo explica una gran convicción.

Se le debe, sin duda, un trabajo de exégesis y de determinación de asociaciones y significados y es evidente que esta compilación, seleccionada y prologada por Eduardo Dalter, constituye una excelente herramienta para encarar esa labor. Desde siempre, Revagliatti ha desechado imágenes y cadencias y permanece contraído a entreverar ideas encapsuladas en ironías tristes. Eso es él y no es otra cosa y resulta realmente ejemplar la constancia con que se aferra a ese molde, constituido ya, por persistencia, en entidad metafísica. Y así su voz alcanza una originalidad extrema, pues nadie hace lo que él hace. Como Antonio Porchia, ha inventado un idioma para hablar consigo, un intransferible código ensimismado. Por qué lo hace, qué lo llevó a elegir esa vía austera, a pulsar esa guitarra de una sola cuerda, es asunto ignoto: diríamos, con Machado, “quien habla solo espera hablar a Dios un día”, pero lo callamos, temerosos de que ese verso apenas si provoque en Rolando una sonrisa melancólica.

Fernando Sánchez Zinny

*

Reseña de Paolo Astorga del volumen “Revagliatti – Antología Poética”, con selección y prólogo de Eduardo Dalter, publicada en el Nº 40, octubre-noviembre 2009, de la Revista Literaria Electrónica “Remolinos” de Perú.

El ejercicio de la poesía es no sólo una labor inagotable, sino también una lucha contra el vacío y la ignorancia con la cual día a día el mundo nos envuelve. El ser poeta y más aún un poeta que se mantiene joven, no sólo de mente y espíritu, sino también joven en su decir, en su discurso poético, en sus versos, es aquel que de alguna manera ya ha trascendido las innumerables barreras que nos plantea el tiempo para que nosotros nos hundamos en ese paraíso infernal que es el fracaso y peor aún la frustración de no poder decir lo que se quiere.

Con el libro “Revagliatti – Antología Poética” (Ediciones La Luna Que, 2009) del poeta argentino Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) nos muestra esa perseverancia poética que sólo puede hacer madurar las largas travesías a través de los años. Su poesía llena de ironía desde sus primeros libros nos da aviso de una original manera de hacer poesía.

Esta nueva publicación no sólo nos da cuenta de su labor poética a través de más de dos décadas, sino también nos plantea los diferentes cambios de su discurso que, con una gran dosis de humor, pesimismo y existencia, nos entrega un majestuoso retrato de nuestro propio ser y de los “fantasmas” que nos acechan en nuestro cotidiano devenir.

Revagliatti demuestra con este libro además un certero golpe a los “clichés” que la sociedad impone para que de alguna manera no podamos ser nosotros, sino ser el otro, la presa del vacío, la inconstancia, el hastío eterno de la rutina en nulidad con el pensar:


Candidades

10 mujeres se cepillan el pelo

9 hombres se cosen un botón

8 niños se crispan de repente

7 ancianas caminan por el borde

6 mujeres se reconsideran

5 hombres se plagian

4 niñas adolecen

3 ancianos escarban sus bolsillos

y así sucesivamente

dos muletas

un padre nuestro

y cero peso

no nos restañan

ni aun la herida más simétrica.

Como observamos en el poema anterior, perteneciente a su primer libro, “Obras completas en verso hasta acá”, el acercamiento descriptivo de lo cotidiano permite al poeta no sólo mostrarnos la abulia que, a veces, nos hace lo que somos, sino también nos demuestra su manejo de cierto grado de oralidad, para darnos a conocer directamente y sin intermediarios, su mensaje atiborrado de estigmas.

El amor y por ende la visión de la pareja, para el poeta, no contiene una trascendencia, sino más bien nos hace sentir su castración, su brevedad, su intensa puñalada, que, al no poder resistirse, se trata de describir con mordaz cinismo e ironía:

¿te amo

o estoy emberretinado?

mi orgasmo triste fuiste tú”

Por otro lado, su imagen de la muerte se hace a través de no ver la trascendencia que tiene ésta en los seres humanos, sino que nos hace contemplar por medio del absurdo nuestra evidente fragilidad ante el tiempo y el no poder:

Si te morís con los ojos abiertos

sonaste:

ni en sueños

volverás

a pestañear.

Con selección y prólogo de Eduardo Dalter, esta antología nos permite ver en toda su amplitud los centros y periferias de un poeta que ha sabido de denuncia hasta en lo absurdo. Esta es una antología para gente que ha visto en su propia condición, en su propio reflejo la imperfección que sensibiliza hasta fingir una sonrisa o quizás una gran carcajada, sin embargo, esta poesía de Revagliatti, no sólo es eso, sino también ofrecer una cruda realidad (la de todos) a través de una aparente sinvergüencería, que a la larga devela nuestra cándida brutalidad para hacer nuestros los días en ese cúmulo de horas y objetos, de fetiches y sujetos que es lo cotidiano, él (el poeta, el estigmatizado que aún en agonía nos muestra su sonrisa, su humor, su verdad) nos informa que al final todo es un nuevo comienzo, al cual llegar tarde quizá sea una buena estrategia:

Al final

Siempre llego tarde al comienzo

aunque nunca

dejo de ser advertible

entre los primeros en llegar

a la convicción

al objeto

al fraude

al reconocimiento

a la derrota

al recelo

al éxito

al reiterado comienzo

al cual siempre

llego tarde.

Paolo Astorga

*

De una extensa reseña (“Rolando, el destructor del crítico formal”) realizada por C. Pablo Lorenzo, del volumen “Revagliatti – Antología Poética”, aparecida originariamente en la Revista “Papirando” de la Argentina.

Opté por dejarme llevar, algo inusual cuando hago lecturas de estos atrevidos seres que deciden usar las palabras como un martillo para romper la piel de la conciencia; decidí destrozar lo poco de compostura que traté de llevar ante la crítica y me lancé de lleno a leer. (…) Tomé conciencia de que para hablarle de igual a igual a Rolando hay que ponerse en pelotas, entrar en el club de los nudistas del alma y no andarse con vueltas a la hora de acercarse a sus textos. (…) Sonreí compartiendo la ironía cuando habla del materialismo mercantilista, comulgué con su espíritu y lenguaje tanguero, sobreviví a su experiencia de vida, a la reflexión absurda de la absurdidad misma de la vida. (…) Ahora estoy hermanado a este poeta porque logré concebir que la esencia de su obra no está alejada de su vida que va dejando en versos, que el tipo no tiene una máscara, es así, espantosa, cruel y maravillosamente sincera, y sé ahora que la poesía lo complementa, que leerlo implica acompañar esas imágenes que cobran fuerza cuando te metés detrás de lo que significan las palabras.

*

De una extensa reseña (“El Gancho al Mentón de Revagliatti”) realizada por Miguel Moreno Duhamel, aparecida originariamente en www.poesias.cl, del volumen “Revagliatti – Antología Poética”.

Coincido con el prologuista: veo a Rolando Revagliatti como un boxeador medio acorralado lanzando sus poemas como breves y poderosos golpes al mentón del lector que en más de una oportunidad queda knock-out por el ataque. Puñetazos son en verdad esos textos que en un lenguaje cercano y asequible logran sorprender, divertir y hacer reflexionar. (…) La sensación que me acompañó durante esta jornada por su universo, fue la de una calidez humana, como si un hermano nos guiara por el camino con una conversación cómplice y amena. Las páginas pasan ligeras, parece que los poemas se hacen pocos o quizás se quisiera tener más de ellos para no sentirse tan ligero de equipaje en la travesía. Y siempre se percibe estar frente a un ser comprometido con la cuestión social, trémulo como suena su voz y al descubierto.

*

Reseña de Susana Quiroga del volumen “Revagliatti – Antología Poética”, publicada en “Pregón” de San Salvador de Jujuy, provincia de Jujuy, la Argentina, el 13.4.2014.

Percibimos a un poeta que mira la realidad porteña en forma peculiar y desde su experiencia. A veces, el escepticismo invade su poesía, otras, la ironía. Siempre, el estremecimiento de un yo lírico que dice su visión con un lenguaje cotidiano, desinhibido y sensible. Se nos presenta una poética de quien conoce el oficio y se da el gusto de jugar con las palabras y las imágenes que destellan para reflexionar existencialmente, o burlarse del mundo, de los hombres, según son su propósito. El poeta se compromete con el tiempo y las vicisitudes que le toca vivir. Habla de y desde ese espacio y tiempo determinado. Expresa los eternos sentimientos de hombre con vehemencia. Una estética latente vibra en sus versos. La poesía nos enciende la emoción.

*

Reseña del volumen “Revagliatti – Antología Poética”, realizada por Susana Zazzetti y publicada el 13.6.2010 en la revista electrónica ‘Artesanos Literarios’.

Lo leo a él y a su palabra. Entonces siento la mano del poeta sobre el papel que, como un látigo, rasga el pensamiento y llega lejos; y son latigazos dados de un sólo golpe, a fuerza de puño, reclamando con su obra su necesario lugar en este mundo. Rolando Revagliatti aborda con lenguaje directo y despojado, la temática —roca y silencio, fuego y ceniza, cristal y cemento, envidia y paranoia— que, vacía de academicismos, avanza con su potente vivencialidad hasta llenar los espacios vacíos del alma y de los otros.

Albañilería

Construyo

durmiendo

sólidas paredes

con rajaduras

a través de las cuales

me espían.

Increíble entrega, mixtura de fuerza y porfía, aun a pesar de las miradas que caen, espiando, sobre él. Poesía que columpia sensaciones internas, íntimas, por momentos, confidenciales, con un ir hacia el Otro, observarlo, mirar las huellas del Otro, rotas, o sus océanos interiores y dejar que ellos entren en su poesía para extenderlos y decirlos como si se tratara de un huésped dentro de sus propios huesos, para seguir levantando sólidas paredes.

*

Amelia Arellano comenta “Revagliatti – Antología Poética”, con selección y prólogo de Eduardo Dalter.

Rolando: He leído con apasionamiento tu libro. Aun con sorpresa. Encontrar en un pasillo virtual a alguien y que te envíe un libro. Me remite, desde algún lugar al Chiquito Escudero, por la trasgresión a las formas y a las reglas gramaticales, sintaxis, etc.

  He leído tu poesía, que por momentos parece una cuerda, que se tensa, que se afloja, que amenaza con romper la realidad, pero vuelve, transformada. Una poesía -como bien dice Eduardo Dalter- que termina derivando en el sainete, que recorre intrincados recodos, para encontrarse con brutales paradojas. Paradojas en donde el fondo es figura y la figura, fondo. Una poesía que toca nuestras obsesiones de un modo casi alarmante y que nos hace volver sobre el poema una y otra vez. Una poesía en donde los polos parecen tocarse, se sacan chispas, se dan estocadas, se indagan…, se baten en un duelo interminable, como interminable es el goce y el movimiento. Una poesía que te golpea como una piña del Mono Gatica. Que te golpea, te fisura, pero a la vez te acaricia con una sensualidad que te resbala por la piel. Una poesía que te duele y que te conmueve, parecido a lo que se siente cuando se escucha el himno o un tango en otro país. En fin, una poesía para hedonistas, para mazocas y para locos… como yo.

Diciembre 2009

*

Susana Cordisco comenta el volumen “Revagliatti – Antología Poética” en junio 2010.

He comenzado a leer su libro con mucha curiosidad y un poco de desconcierto.

Le comento que lo escuché, en una oportunidad, en la lectura de sus poemas, que se fueron desdibujando en mi memoria por causa de la distancia y del tiempo. Sí recuerdo que luego de finalizada la lectura, dije a mis circunstanciales compañeras de mesa: “me gustó mucho”, y a la pregunta de “¿por qué?”, respondí “porque su poesía es distinta”.

Se preguntará qué significa “distinta” para mí. Y la respuesta es que, al abordar su poesía, aspiré a tener un conocimiento más íntimo de la misma, inmiscuirme tal vez, en el contenido y las motivaciones de la creación y las vivencias que inspiraron a la concreción de la obra. Y me encontré, en el primer poema con su yo, enigmático, pero con la transparencia necesaria para brindarse a los lectores. Una puerta de entrada entreabierta para el ingreso de nosotros, los que quisiéramos captar el mundo que subyace bajo las palabras sugeridas o el énfasis puesto en la intención de una sola palabra que se repite y se sostiene. En cuanto al ritmo, otro misterio de la poesía, se mantiene en todo el transcurso del volumen, hasta podemos “respirar” con el felino que dormita en su pecho y saltar con él hacia los “otros ensueños”. Si bien en algunos poemas se altera, los mismos no pierden sonoridad ni cadencia.

Necesitamos, muchas veces, el contacto teórico con la obra poética, para poder despertar similares emociones, ocultos deseos, manifestaciones que, a veces, no lograríamos expresar como lectores, pero en sus poemas se filtran en forma imperceptible (vaya a saber uno por cuál secreto mecanismo), desde su obra hacia mi humilde interpretación. Hay también un “argentinismo” potente en los temas y su manifestación; seguramente la computadora le habrá corregido en forma automática esos “no me engañés” o “no me embauqués”. En cuanto a la ironía, filtrada en la esencia de los temas abordados, me resulta deslumbrante por sus adjetivaciones propias, domésticas. Ironías que se transforman en tristes verdades cuando vemos con otros ojos el mundo y los seres que, en ocasiones, nos rodean: “quien me decepciona / infaliblemente me roba”.

Sigo buscando el motivo, adentrándome en la secreta referencia que me explique el porqué de tantos interrogantes que me subyugan y me atrapan y me encuentro con versos que se refieren al pasado que regresa (¿se repite?) o se transforma. Usted también se interrogará acerca de por qué quiero encontrar el motivo que me explique las palabras o los versos, si según dicen la poesía se siente, se recibe como una caricia para nuestros sentidos, y que sean los críticos especializados los que se encarguen de “desmenuzarla”. Sin embargo, la poesía para mí es una forma de expresión en donde las sutiles hebras que tejen nuestros más íntimos sentimientos se dan a conocer. Y dando a conocer esos sentimientos desnudamos el alma y la entregamos a los lectores. Esa entrega es la que nos hará inmortales… Usted dice “supongamos que yo soy mortal”: y, por supuesto, lo es, lo somos; quizás se apague la belleza (no es tan atroz), pero el verdadero sentido de la poesía, estimado poeta, es que usted desde el momento en que ha sido leído ya no morirá.

Continúo con la lectura de su libro, las partes que lo conforman son postales que vaticinan lo que a continuación se detallará. Así leemos “Pictórica”, “Sopita”, en donde el lenguaje de lo cotidiano se desborda en el mensaje poético. Hay esbozos de imágenes que despiertan emociones enfrentadas, una confrontación entre lo que es “anduve recolectando en mi mente instancias de felicidad” y lo que puede llegar a suceder. Una perceptible filtración ideológica me permite ingresar a su obra e intentar descifrarla con mayor detenimiento: ¿se podría llamar interferencia o aporte histórico?

Opino que este libro ha nacido al conjuro de la emoción y usted ha logrado transmitir esas emociones para que se opere el milagro de la transmisión del arte de la poesía. Al escribir esta pequeña idea sobre su obra he podido discernir desde mi cómoda posición individualista, el porqué dije en una ocasión “me gusta su poesía porque es distinta”. Le agradezco permitirme ingresar a su poesía, esta posibilidad genera en mí un nuevo entusiasmo, una especie de “contagio poético” que exaltó la productividad latente, que me brindó la posibilidad de despertar de un silencio que espero, se transforme en palabras.

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Breves comentarios sobre ‘Revagliatti – Antología Poética’ de Rolando Revagliatti.

Carlos Pensa (en el n° 82, enero-junio 2010, de la revista ‘La Urpila’ de Montevideo, Uruguay): “…Su estilo es irónico, directo y está desarrollado con modismos populares. Escribe como jugando con las propuestas que plantea y se expresa en diálogo coloquial que llega al lector logrando su sonrisa en cuestiones que otros autores dramatizarían.”

Lilia Lardone: “Disfruté del sustento ideológico y del afiatado oficio de decir lo necesario y lo esencial.”

María Teresa Andruetto: “Maestro usted del poema breve y de la ironía.”

Isaías Garde: “Son unos poemas extraordinarios.”

Mirta Serrano: “Algunos de tus delirantes poemas me dejaron pensando, otros me arrancaron una sonrisa. Es una poesía inteligente.”

Aldo Rocamora: “Aquí está la desmesura de la poesía soltada al galope, incluso se ven atisbos de los clásicos como Góngora y Quevedo, disimulados lo mejor posible, pero están, están. Me alegra que en esta época usted diga un trozo de verdad.”

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