Se supone que cuando se llega a la jubilación se tiene tiempo para todo, pero la verdad es que sientes un vacío en tu interior que te empuja a hacer muchas cosas a la vez, y así vamos abriendo armarios, que teníamos cerrados desde hace mucho tiempo y descubrimos aquella chaqueta que me hacía sentir tan elegante, más abajo unos viejos guantes, incluso un sombrero. Este sombrero que llegué a ponerme, pensé, es muy viejo, seguramente era de mi madre o quizás de mi abuela que el tiempo corre que no veas.
Y que más puedo hallar en estos viejos cajones y aquí en el desván, llenos de polvo a no parar, me preguntaba a mi misma.
De repente me causa mucha atención una caja pequeña y al abrirla veo folletos que anunciaban las películas que proyectaban los cines. En el cine Colón sobre todo. Y es que entonces, no había televisión, ni internet ni, nada de nada.
¿Cómo lo pasábamos la gente joven de aquel tiempo ya lejano cuando sólo habían autobuses y unos cuantos coches?. El domingo en la piscina municipal, por la tarde bailábamos e oíamos las maracas de Antonio Machín con “dos gardenias para ti….”
Antoni Quinn, en “Los cañones de San Sebastian, y La hora 25” más tarde admiramos la interpretación de este magnifico actor “Zorba el griego” ¡vaya! y “Les parapluies de Cherbourg” con una espléndida actriz Cathérine Deneuve, película cantada que disfrutábamos con el corazón en un puño. “Un trenvia llamado deseo” con un gran actor Marlon Brando y volviendo a la rutina, pues Alcoy, no es muy grande al igual que París la llaman la ciudad de los puentes.
Las personas mayores, hacen el mismo recorrido a diario, y claro cuando ves sólo a un miembro de la pareja que todos los días iban a dar la vuelta a los puentes como es habitual, es que unos de ellos ya nos “ha dejado” como solemos decir, ya me lo decía mi abuelo “En cien años todos calvos”
Salomé Moltó
