¿Los judios, son judios?


El Primer Templo de Jerusalén, fue el santuario principal del pueblo de Israel, lamentablemente destruido por los Babilonios durante el asedio del año 587 a.C. Pero unos 70 años después, el Rey Persa Ciro, permitió a los judíos que habían sido expulsados, regresar y reconstruir el Segundo Templo, que al fin fue erigido el año 516 a.C.

Pero la reconstrucción del Templo por parte de Zorobabel, apenas significó un hito en la reconstrucción de la nación judía. Esta parte fue obra del profeta Esdras, quien luego contara con el apoyo de Nehemías. Lo que encontraron estos lideres, fue un terrible abandono y deterioro de la ciudad, pero más aun, según ellos, del pueblo mismo remanente. Estos era campesinos muy pobres, que en ausencia de dirigentes y en especial de los propietarios de las tierras agrícolas que ellos habían trabajado, se apoderaron de ellas. Lo más trágico, a ojos de Esdras, fue, lo que él denominó, el libertinaje de los israelitas, que, mezclándose con otros pueblos cercanos, formaron matrimonios con mujeres foráneas. Junto a Esdras, también Nehemías la emprendió furiosamente en contra de aquellos matrimonios mixtos, que, según ellos, amenazaban la pureza de la raza judeo-israelita. Fueron emitidos edictos terminantes, por los cuales se obligaba a deshacer tales relaciones matrimoniales, e incluso se les conminaba a expulsar junto con las mujeres extranjeras, a sus propios hijos. Según una encuesta que había llevado a cabo Nehemías, el fenómeno había profundizado mucho. Pero a su vez los afectados por la reforma de los lideres, se opusieron a estas firmemente. Si consideramos que el total de los expulsados que retornaron de Babilonia sumaban unas 40 mil personas, resulta que había una amplia mayoría de opositores. Los protagonistas de la restauración del Reino de David, se largan a una lucha a brazo partido, pero el éxito no siempre alcanza sus metas. El grupo que se aglutina en torno al nuevo Templo, son aislacionistas en actitud legalista, intentando forzar al resto de la población local judía, a aceptar las nuevas condiciones impuestas.

La política etnocentrista de Esdras y Nehemías, no pasó sin oposición por parte de otras figuras centrales. El profeta Malaquías, critica duramente la política de destrucción de las familias establecidas, aun cuando se trata de matrimonios mixtos, y al fin en su libro escribe y pregunta retóricamente… ¿Es que para todos, no hay al fin un solo y mismo Padre?

Este texto esta basado en un articulo publicado en el periódico israelí “Haaretz” (*). Entre otras cosas, nos recuerda el redactor, que “el mismo Moisés estuvo en matrimonio con una mujer del pueblo de Medían, aunque luego se separó de ella”.

Pese a todo, la integración y asimilación de las tribus de Israel y Judea a su entorno geográfico, fue mucho más amplio y profundo de lo que puede aparentar. El comercio entre los pueblos, estaba muchas veces condicionado por relaciones de sangre entre las familias. Desde Aran y Sidón en el norte (hoy Líbano) y hasta Medián en el sur, incluidos los pueblos del norte de Arabia. No queda duda alguna de la profunda dependencia entre los pueblos, de los cuales la culturas judía e israelita también se alimentaron.

“Las listas genealógicas en el libro del Génesis, cuenta el redactor, detallan las cercanas afinidades familiares entre los israelitas y los pueblos cercanos. De acuerdo a aquellas, el pueblo más afín, son los Arameos, por cuanto las madres de todos los 12 hijos de Jacob (los fundadores de las tribus), son arameas. Rivká, hermana de Lavan el arameo, es la esposa de Isaac. De las hijas de Lavan, Lea y Rachel, nacieron la mayoría de los hijos de Israel: Rubén, Simón, Levy, Iehudá, Isasjar, Zevulun, Dina, Josef y Benjamín.” … “Los árabes y los Edomitas, son hermanos de sangre de los israelitas, debido a Ismael, hermano de Isaac, y Esaú, hermano de Jacob. La tribu de Edom, es descendiente de Esaú, hijo de Isaac, y los Medianitas descienden de Ismael, hijo de Hagar y hermano de Isaac”.

“La lista de relaciones y dependencias entre los grupos y etnias judías, israelitas y sus vecinos, es muy extensa, y nuevamente señala la infructuosa posibilidad de señalar a los judíos e israelitas, como un pueblo único, separado y segregado”. “Los reinados de Judea e Israel, no son sino el resultado de las culturas prominentes de su época y su geografía”.

En artículos anteriores, hicimos hincapié en la historia judía antigua, de la cual se desprende, que el pueblo vivió muchas tragedias que la condenaron a tan largo destierro. En tiempos mas modernos, consideramos en aquellas exposiciones, que fue la palabra escrita en los libros sagrados, la que unificó a los miembros del pueblo. Y, no obstante, las persecuciones incesantes les obligaron a optar por medios de defensa, como ser el autoaislamiento. La integración a las naciones huéspedes estaba más que restringida, por la exigencia básica de auto anulación de si mismos, como pueblo y nación y la renuncia a sus creencias autóctonas.

(*) Igal Ben Nun, periódico Haaretz 13.7.2018

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