Historias para ser contadas – Sheila


A veces la realidad supera de lejos la ficción. Si hubiese querido crear esta historia, no creo que hubiese podido inventar los detalles de ese encuentro y lo que aconteció.

Sucedió hace muchos años, cuando se iniciaba el periodo de las relaciones virtuales por medio del internet. En la aplicación detallabas algunos datos personales, buscando ocasionales compañeros de platica. Aun no existían las versiones con imágenes en vivo y por lo tanto solo regían los cambios de palabras. Muchas veces eran diálogos rutinarios que giraban en torno a cuestiones del quehacer diario. También solían terminar rápidamente, cuando la temática se agotaba o cuando las intenciones de alguna parte, no coincidían con la otra. Hombres buscaban personas del sexo femenino, aunque era claro que, a tanta distancia, a veces de un país a otro, nada podría concretarse al respecto. Pero como sabemos, la imaginación es muy poderosa y a veces se ve más de lo que realmente hay. Todo este prologo hace al caso de la historia de mis relaciones con Sheila.

Era una mujer de Gales, al sur oeste de la Isla Británica. Teníamos mas o menos la misma edad y aunque mis conocimientos de la lengua inglesa eran poco mas que rudimentarios, pudimos crear, como luego describiré, lazos bastante cercanos. No hubo en esto nada intimo, aunque si bastante personal. En mi caso, hice participe a mi compañera de hogar, de los hechos que se dieron luego, cuando las charlas simples se tornaron intrusivas. Mas que nada desde mi parte, en la vida de Sheila.

Como dije, los cambios de palabras, fueron al inicio bastante triviales. Sheila se interesaba por el acontecer en mi país, Israel, y el conflicto árabe-israelí. Yo le describía nuestra vida diaria y algunos acontecimientos que me parecían importantes. Nunca antes había tenido la oportunidad de conocer de cerca nada respecto a su país, y solo sabía que era una especie de provincia dentro de la Gran Bretaña. Sheila supo informarme mas detenidamente sobre su historia.

Pero mi interés por Sheila, tenía algo más, pues tratándose de una mujer bastante atractiva, (nos enviamos fotografías de ambos por medio del correo electrónico), ello puso a trabajar mi imaginación. Pero los acontecimientos virtuales dieron un vuelco inesperado, cuando una tarde estando en medio de una charla, ella cerró de pronto su computadora, apenas saludando. Fue inmediato… ¡tengo que cerrar, no puedo seguir! y me quedé colgado en medio de la frase que estaba escribiendo.

Pasaron varios días sin ninguna señal de Sheila, pues al estar presente la otra parte, se encendía una especie de botón de color verde a un costado de la ventanilla del mensajero. Esta vez nada, un día y otro más, y aunque yo trataba de inducir la conversación, no pasaba nada, pues el otro extremo de la línea estaba apagado.

Al fin, luego de casi una semana, descubro la luz verde y una pregunta de Sheila, como si nada hubiese ocurrido… “¿Cómo estas?” Por supuesto que de inmediato quise saber los motivos de su silencio. No tuve una respuesta clara y entendí que la situación era embarazosa para mi compañera de dialogo. Pude intuir que se trataba de algo bastante serio, pero aun no existía la suficiente confianza entre nosotros, como para que Sheila descubriera su corazón. De manera que esa vez, como en otras siguientes, volvimos a las cuestiones regulares y a la vida diaria. Y no obstante me propuse indagar para recabar mas información sobre ella, pero tratando de no sobrepasar su intimidad. Quería saber si estaba casada, si tenía hijos y familia y algo de su pasado. Si, estaba casada, pero su marido resultó ser un hombre mucho más mayor que ella, viejo y bastante enfermo. No tenía hijos, por lo menos no con esa persona mayor, aunque un hijo aparece en su historia en épocas anteriores, que ella no quiso develar de primera instancia. Tenía una hermana, menor que ella, casada y con hijos, y entonces aquellos sobrinos eran la delicia de Sheila.

Traté de motivarla contándole algunas cosas intimas de mi propia vida, cuestiones que necesitaban de la confianza de ella, lo cual entendió muy bien. Así se logró una mayor apertura de esta compañera de dialogo, lo cual se descubrió en posteriores charlas virtuales. Eso, cuando una vez más Sheila cortó repentinamente nuestro dialogo, esta vez sin despedirse siquiera.

Días de silencio y oscuridad, como denomine a esas esperas interminables que ya más que me desconcertaban. Me intrigaba saber que estaba pasando allá en las tierras del sur de Gales, en un barrio periférico de la ciudad de Cardiff. Pese a la distancia y el carácter de estas relaciones, carecientes de toda cercanía física, yo me sentía muy cercano a ella y, sobre todo, esas misteriosas desapariciones que me tenían en ascuas.

Pasaron cinco días más hasta que apareció de nuevo la luz verde en el tablero. Esta vez Sheila comenzó la charla con una cruda observación. “Tengo que hablar contigo, contarte algo muy importante”. Sin más preámbulo y en pocas palabras me contó que su marido que era mucho mas viejo que ella, la celaba tremendamente. Agregó a esto, que pese a ser una persona muy enferma, sentado en una silla de ruedas, era también muy violento, pero solo de palabra. La tiranizaba y le exigía plena atención hacia él como persona necesitada. “Más de una vez terminé llorando y entonces me escapaba de la casa”. Aunque solo eran palabras escritas en la pantalla de mi ordenador, yo sentía sus lágrimas mojar el teclado. Era todo tan vívido, que parecía estar a su lado en ese momento, o quizá era lo que hubiese querido mas que nada. Poder darle una mano a esa mujer, que aprendí a conocer, apenas con letras y palabras mecánicas.

Quise saber por qué no le abandonaba, quizá con la ayuda de su hermana y también de su hijo. Pero entonces ella se desató en una ola de confesiones y relatos sobre dramas ocurridos en su vida, que oscurecían todo el panorama de una manera brutal. Aquel hijo fue el resultado de una violación que ella sufrió siendo muy joven, y por ende tuvo que darlo en adopción. También por otras circunstancias trágicas de su vida anterior y entre ellas su madre, que la maltrataba y también la expulsó de su casa. El hijo, cuando se hizo muchacho, prefirió cortar toda relación con su madre biológica. Solo alguna que otra llamada telefónica le ponía en contacto con él, pero muy a las perdidas. Su hermana era la única persona en el mundo que le prestaba atención, pero tampoco podía hacer mucho, siendo madre de varios hijos con una economía endeble.

Desde aquellas confesiones de Sheila, se dieron entre nosotros muchas conversaciones más con el aporte de detalles, sobre una vida de dolor y sufrimiento inacabables. Pese a todo, como ella me decía… “Aquí tengo un techo”, sabiendo el precio tan brutal de esas simples comodidades.

No había escapatoria de aquella atroz situación, pero, como me decía Sheila, “Agradezco que he podido abrirme y acerté a hacerte partícipe de mis dolores” Ella decía que mi pésimo ingles la divertía mucho y también las cosas que yo le contaba. A esa altura, mi esposa ya era parte del dialogo, y hablábamos en una sola voz.

Pero como comenté al inicio, los hechos reales superan toda ficción, y un cierto día el mundo de Sheila cambió radicalmente. Su marido, mayor y enfermo, fue colocado por su propio hijo en una casa de ancianos, y entonces optó por liberarla a Sheila de sus cadenas con él, dándole el divorcio. En realidad, fue un acto de bondad de aquel anciano, pues entre otras él había hecho una póliza de seguro medico para ambos. A esta altura es necesario agregar un detalle muy importante. Sheila sufría de cierta invalidez a raíz de una grave enfermedad y sus caderas estaban llenas de aparatos de titanio, que le permitían estar de pie y poder caminar. Entonces también surgió a su lado, como por arte de magia, todo el sistema de ayuda social del gobierno socialista británico, junto a los beneficios de aquel seguro medico. En tales condiciones y además siendo una mujer exenta de ingresos suficientes, tuvo acceso a grandes beneficios por parte del gobierno de aquella época. La situación de Sheila cambió radicalmente. El sistema social puso a su disposición una pequeña vivienda totalmente amueblada, y siendo invalida recibió además un pequeño automóvil, todo a cuenta del Estado. Esto además de una subvención mensual de supervivencia. Las siguientes fotografías que nos envió muestran a una persona alegre y sonriente, rodeada de sus familiares. Y también, porque no decirlo, una mujer hermosa, de cabello rubio y ojos azules, y una perfecta línea de dientes blancos.

Entonces, mi esposa y yo viajamos a visitar Gales y a conocer por primera vez a nuestra amiga. Fue fascinante poder abrazarnos y disfrutar juntos de momentos tan agradables. Detrás quedaban todas las tragedias de una vida que hubiese podido desperdiciarse por completo. Un año después, Sheila nos retribuyó con una visita a Israel también para agradecer el apoyo de nuestra parte. Ella decía, que gran parte de la fuerza necesaria para llevara cabo aquel cambio en su vida, vino de nuestras palabras.

Como broche de oro y final feliz como en las leyendas, Sheila conoció a un hombre de su edad, de Escocia. Un buen hombre que le retribuyó a ella, gran parte de las emociones perdidas durante su dramático pasado.

Nosotros seguimos escribiéndonos, esta vez por medio del correo electrónico, pero como todas las fábulas, también esta fue de a poco llegando a su fin. Pero siempre quedan los recuerdos y las lecciones de la vida, que, así espero, todos hayamos aprendido.

6 comentarios sobre “Historias para ser contadas – Sheila

  1. Preciosa e humana redacción. Seguimos siendo incorregibles idealistas por un mundo mejor.

    El 11/10/18 a las 09:21, Kosas y algo mas escribió: > WordPress.com > josefcarel posted: “A veces la realidad supera de lejos la ficción. Si > hubiese querido crear esta historia, no creo que hubiese podido > inventar los detalles de ese encuentro y lo que aconteció. Sucedió > hace muchos años, cuando se iniciaba el periodo de las relaciones > virtual” >

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  2. Gracias Salomé. Es todo real, así como ocurrió y hoy rememoro aquellos momentos tan emotivos. Al fin, creo que le di una mano a Sheila, que la ayudó a salir de las profundidades adonde había caído. Es bueno recordarlo.

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  3. No me molesta reconocer que quedé atrapado con el desarrollo del exquisito relato, y más, al saber, que se trata de un hecho real.
    Disfruté la lectura; tu estilo, sencillo y directo, no necesita de los acostumbrados ingredientes, que ciertos escritores utilizan para reforzar el texto.
    Mis felicitaciones, Josef
    Shalom javer

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  4. Un relato que comencé con recelo porque acostumbrada a los frecuentes textos de cambios de identidad en internet. Poco a poco la historia toma cuerpo y convence, Tiene que ser real me dije . Me gustó mucho,te felicito.Redacción impecable .

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