¡Perdimos una batalla, pero no la guerra!


Dicen que las personas o los militares pueden perder una o más batallas, más no la guerra.

Viví eso, he perdido alguna que otra batalla, en estos tiempos con tantos males que azotan a la humanidad. El COVID-19, el Ómicron, los rigores de un clima jamás experimentado: lluvias torrenciales, frío, viento, bajas temperaturas, ¡hasta granizo!.

Por si fuera poco, a diario escuchamos contagios, hospitalizados y lo más triste, muertos, en todo el mundo. Las cifras son espeluznantes, más de 5 millones de fallecidos. Las medidas preventivas, los esfuerzos de los laboratorios, científicos de todo el mundo. Las vacunas en tiempo récord, han sido muy buenas, pero la variante Ómicron sigue haciendo de la suyas.

Se supera una, aparece otra y todos nos alertamos.

Covid-19, delata, Ómicron, Otro Ómicron que afecta el corazón, descubierto en Francia. Lo más doloroso es lo que sucede en las naciones pobres o aquellas donde las terribles dictaduras no hacen casi nada por la población. Piensan y socorren a sus secuaces y a ellos mismos, forrados con los dineros que no les pertenecen, como es el caso de Nicaragua, Venezuela, Cuba y pare usted de contar.

¿Por qué cuento todo esto?

Es sencillo, me pusieron 4 vacunas, me hicieron varias veces la prueba para saber si estaba contagiada. Oh sorpresa, después de tanto cuidarme: Encierro, mascarilla, distancia, lavarse las manos que ya se me pelaron, pues resultó que estoy contagiada y algo irrisorio, porque en estos días anunciaron en Israel, donde vivo, que levantarán algunas restricciones.

Pero en la calle, en los noticieros, la información es alarmante sobre el bendito virus o la pandemia que pronto será endemia. En vez de colaborar para que los histéricos y profetas del desastre se calmen.

Todo eso es un cuento, ya que han cerrado diferentes lugares, porque uno llegó con el virus. Entonces como no vivimos «muchos encierros, qué más da uno más. Lo que toda esta situación produce es rabia y a la vez risa. «Nos educaron desde hace dos años para vivir enclaustrados, puedes, leer, escribir y realizar otras labores que antes no llevabas a cabo porque estabas trabajando, entre otras cosas».

Ni qué decir de los ancianos, muchos fallecen porque no soportan nada. Algo similar ocurre con los niños, toman clases a través de las computadoras por zoom. Los padres trabajan un tiempo en casa y el otro en la oficina, si no están contagiados. Es para volverse «loco». Mientras alguno de ellos trata de sacar su trabajo adelante, los niños interrumpen: «quiero comer, dame permiso para ver televisión o jugar con mi teléfono. Todavía no quiero irme a dormir».

Para no alargar más el cuento de nunca acabar, señores, esta situación nos ha enseñado muchas cosas y ojalá que las cumplamos: ser más humildes, ayudar a los demás, no pensar tanto en los beneficios, entre otras cosas.

Agradezco a Dios porque Él quizás nos ha castigado para demostrarnos que hay otras maneras de vivir mejor sin lastimar o hacerle daño a otros. Ojalá hayamos aprendido esta gran lección.

Le ruego que apoye a los desvalidos y que juzgue a los tiranos.

Regina Mizrahi

Un comentario sobre “¡Perdimos una batalla, pero no la guerra!

  1. Estoy agradecida a D´s que me dio la vida, a mis padres que partieron, a mis hermanos, soy la mayor, a mi familia y SOBRE TODO A MISX AMIGOS COMO JOSI, A QUIEN CONOZCO, AL IGUAL QUE A SUESPOSA, DESDE HACE MÁS DE 12 AÑOS!

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