RECUERDOS LEJANOS QUE VAN Y VIENEN


Muy poco a poco abrí los ojos, una mano con delgados dedos acercaba una cuchara a mi boca. Bebí con dificultad la primera cucharada, las siguientes con más firmeza. Levante los ojos y tropecé con otros, dulces y profundos, baje la mirada por la nariz hasta la boca de unos hermosos labios que esbozaban una ligera sonrisa y volví a beber de la cucharada una y otra vez sin apenas comprender que hacía yo allí y donde estaba.

“Un sorbito más, que el médico está a punto de llegar, le curará las heridas y seguro que se sentirá mejor” Terminó la frase con una sonrisa y acarició el mechón de pelos que caían sobre mi cara. Era una enfermera con una bata blanca y un pequeño gorro que cubría sus cabellos. Sentí como una brisa suave que acariciaba mi rostro,como aquellos hermosos días de primavera, cuando de pequeño, mi padre me llevaba al campo de excursión.

Una fuerte detonación sonó a nuestras espaldas, todo se movió, todo tembló, también nuestro ánimo, nuestros rostros que se llenaron de espanto. “No se preocupen las bombas, no llegan hasta aquí, por lo menos de momento” Nos dijo una persona con uniforme “es un soldado?” ¿en qué guerra estamos?. ¡Y eso qué importa!

Aquellas imágenes de los soldados en las trincheras durante la primera guerra mundial, con más de cinco millones de muertes, los más de ochenta de la segunda y la cantidad de guerras que nunca terminan, todas al servicio de los bastardos intereses de las grandes potencias. ¿Y los atacados no tienen derecho a defenderse? Por supuesto y tendrán que saber cómo organizarse, sino, irán al fracaso total.

Iba pensando en todas las guerras de aquí y de allá, de las largas y penosas posguerras, en donde son necesarios más de veinticinco años para remontar una tal catástrofe. Es lo que reflexionaba mientras con la camilla me llevaban hacia el hospital de campaña y las bombas seguían cayendo. Bueno, qué importa cuando me “reparen” me volverán a poner un fusil entre las manos por ver si yo causo el mismo mal a otro, como el que me han hecho a mí y así defendiendo ¿QUÉ?

Salomé Moltó

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