El camino equivocado


Según parece, nunca estuvo tan presente la crisis climatológica, como en estos últimos tiempos. Casi todo el hemisferio norte está sumido en altas temperaturas, con las cuales nadie sabe exactamente confrontar. En el otro extremo, amen de sequías, también furiosas tormentas, inundaciones y toda suerte de calamidades. Sin entrar en mayores detalles, que los más eminentes científicos se encargan de demostrar y exclamar a los cuatro vientos, no hay duda alguna de que todo esto es obra casi exclusiva del ser humano mismo. Bastaría el exhaustivo informe de las Naciones Unidas, en particular el segmento que trata el cambio climatico. (Click para abrir el archivo)

No voy a internarme ahora en las acciones que se deberían emprender para tratar, al menos, de corregir en algo, los resultados del pésimo proceder humano. Para ello están los gobiernos y las instituciones internacionales que predican a cada paso propuestas y planes, pero que, lamentablemente, nunca terminan de ponerse en marcha. De ello se encargará la historia de juzgar.

Lo que me induce a redactar este pequeño ensayo, es la intención de verificar los orígenes de tales actitudes humanas, al menos en uno de sus aspectos: La relación del hombre moderno con la naturaleza. Denomino “hombre moderno” al tipo europeo occidental, en total oposición al “tipo indígena”, quizá también usando la equivocada terminología moderna: Hombre primitivo. Uno de los temas más álgidos al respecto se refiere a una de las más nocivas acciones del hombre a través de casi toda su historia: la deforestación (Click para abrir). Propongo observar al menos alguno de dichos informes para tener una idea más clara de lo que aquí refiero.

Recientemente, vi un filme canadiense, que relata las vicisitudes de una familia, que denodadamente lucha por sobrevivir en una zona tremendamente inhóspita. El hielo y la nieve lo cubre casi todo, y durante los largos inviernos, parece imposible subsistir. Y no obstante, y justo debido a tales duras condiciones, es que resulta más factible adquirir tierras a un precio más accesible. La pequeña casita de madera donde moran, está rodeada de profundos y casi inaccesibles bosques. Esto además de los ríos y caminos que se congelan y que en la primavera y verano, son casi intransitables. Para colmo viven en una tremenda soledad, cuando el más próximo vecino dista de varios kilómetros. El sistema socioeconómico que define la forma de vida de esa sociedad se puede denominar… “Cada cual para sí mismo”.

El ideal y mayor logro para ellos sería la conquista del bosque, despejando tierras de los árboles que las pueblan, para así poder cultivar forraje y entonces alimentar crecientes poblaciones de ganado: vacas, corderos, etcétera, q ue luego serán comercializados. Entonces, y luego de superados los enormes inconvenientes del proceso, el dueño y propietario de dichas tierras, podrá sentirse realizado. Así se ve un campo en proceso de despejo:

El esfuerzo hecho no tiene proporciones con los enormes riesgos de simplemente perecer en el proceso. El árbol se convierte en el gran “enemigo del progreso”.

Pero la finalidad, según parece, justifica los medios…

Creo que estos sencillos ejemplos, son más que significativos en cuanto al camino elegido por una gran parte de la sociedad humana para subsistir y desarrollarse en ese medio, que considera “agreste e inhóspito”. La naturaleza, en este caso ese bosque delante de dicha familia, debe ser conquistado a todo precio. Aun cuando algún otro personaje de dicho filme osa advertir: El bosque otorga protección y refugio, la advertencia no es relevante para el caso.

Entonces, la multiplicación exponencial de este mismo proceso de conquista de la naturaleza por medio de la colonización, durante siglos y siglos, significó no solo promover el cambio físico de la naturaleza, con la destrucción de tanto hábitat natural. Más aún, este modelo provocó algo grave: la implementación de un proceso social, distanciado, a mi parecer, de la naturaleza humana.

El individualismo elevado a su máximo exponencial del fenómeno capitalista. El preciar el esfuerzo personal por sobre toda otra opción.

Por otra parte, la posesión de la tierra como medio de producción, derivó al fin en una sociedad paternalista y exclusiva. En este tipo de sociedad, se mide el valor de la persona por sus posesiones materiales, amen de mujeres y niños. La familia se traduce entonces en una institución cuyo fin es la conservación de la propiedad en el seno de la misma. Los miembros de tal institución son los encargados y responsables de todo ello y deben rendir cuentas ante el patriarca. Incluso la vida futura de los vástagos y descendientes de dicha familia, está señalada por el mismo destino, nunca compartir la sagrada propiedad. No se trata de un concepto trivial, sino de un determinante absoluto en cuanto a la forma que adquirió la sociedad humana moderna. Todo esto se ha exacerbado por los resultados de la Revolución Industrial, que posteriormente fue trasladado a los sistemas de producción agrícola ganadero. A partir de entonces, y tan solo hace unos 200 años, la destrucción de la naturaleza adquirió proporciones descomunales.

El ser humano no soló destruye su medio hábitat actual, sino que deja sin futuro a las siguientes generaciones. La quema de bosques solo es productiva por unos años, pues las plantaciones vacían la tierra de nutrientes. Luego, para resumir la misma actividad agrícola, deben desmontarse más y más bosques. Este proceso vicioso es lo que describe la historiadora Bárbara Tuchman en su libro: La marcha de la locura. La necia costumbre de los hombres de “actuar en contra de sus propios intereses”. Un dicho popular lo describe de manera más contundente aun: “Pan para hoy, hambre para mañana”.

Claro, que a esta altura, surge de inmediato la pregunta sobre las alternativas, y algunas de ellas provocan un inmediato rechazo, ridiculizando incluso algunas de las propuestas. Por este motivo, es que prefiero no entrar en la descripción de soluciones y propuestas. Creo que sería responsabilidad de cada uno de nosotros, el estudiar profundamente los hechos actuales y entonces plantearse la pregunta… ¿Hacia dónde vamos?. De todas maneras, según parece, la humanidad tomo un camino equivocado, en cierto momento de su historia.

No sé si se puede indicar alguna característica humana, como para indicar lo acontecido. Pese a todo, creo que la Antropología puede aportar algún indicio. Suponemos al hombre ancestral del modelo moderno, enfrentado a la naturaleza que le rodea, y que le aterra. Las sombras del bosque al atardecer, los animales “salvajes” que lo pueblan, incitan la imaginación de aquel ser humano. Las amenazas a su existencia son más que contundentes y estremecedoras. Prende fuego para desentrañar la tremenda oscuridad, se arma de piedras y palos para luchar y vencer a los espantosos animales. A partir de tal momento crucial, se forma en su mente la idea de que, para sobrevivir, es imprescindible la “conquista” del medio, la transformación de la naturaleza.

Pero hay otro hombre confrontado a la misma naturaleza, pero en su imaginación surge otro modelo. Aun cuando siente los mismos miedos existenciales, supone que dicho entorno está conducido por entes divinos, tal como su propia persona. Hombres y animales, para dicho ser, pertenecen a una misma naturaleza y se produce una interacción entre ambos. Un indígena que persigue una pieza de caza, asume que el animal puede permitir ser ejecutado. Está también relacionado con la propia conducta del cazador. Algunas tribus indígenas conducen ceremonias especiales, cuando necesitan cortar un árbol para sus necesidades. Ellos se disculpan ante el árbol por su acción.

La diferencia es abismal, pues mientras aquellos humanos se enfrentan a la naturaleza, los “primitivos”

Interactúan y se compenetran con ella, promoviendo un profundo respeto por cada uno de sus elementos. Como escuché alguna vez a un líder indígena en cuanto a la extracción de oro de una mina local… “Si los dioses pusieron esos metales debajo de la tierra, tuvieron un motivo más que justificado para ello… nosotros no necesitamos dicho metal para nuestra supervivencia”.

¿Qué pretendes? Me plantearon quienes alguna vez escucharon mis críticas, con el consiguiente argumento… ¿Es que pretendes que volvamos a tiempos primitivos? ¿Qué desistamos de todas las ventajas de la vida moderna?.

Me ponen furioso tales planteamientos. Es más que evidente que la humanidad se enfrenta a situaciones apocalípticas, que pueden llevar al final de la historia humana sobre el planeta tierra. Las desastrosas acciones humanas le han envilecido de tal manera, que ya no existe manera de evitar los hechos.

Gobiernos en instituciones se manifiestan al respecto con frases prefijadas que no tienen, para mi entender, ningún sentido por la envergadura de la situación. “Verde” es uno de los términos que han sido acuñados con la única intención de promover el fraude más monstruoso que existe. Es la panacea universal, que supone hará desaparecer la tragedia humana. Es una cortina de humo, la solución absoluta y total, que en boca de los políticos suena a música celestial.

2 comentarios sobre “El camino equivocado

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