Realidad inimaginable


Viendo una serie de televisión basada en un desastre global, llegué a la conclusión que la realidad que estamos viviendo supera toda imaginación. No obstante también en aquella suceden horrores que los personajes sufren, y debido a ellas, se descubre gran parte de la miseria humana, el egoísmo, como por el contrario muestras de solidaridad, preocupación por el otro. Eso si, los gobiernos, como algunos de sus líderes brillan por su ausencia, pero surgen almas caritativas y pseudo científicos, que creen adivinar la solución.

Pero, abreviando, el caso del virus que hoy afecta a la humanidad casi en su absoluta totalidad, emerge de sorpresa y causa un gran estupor a lo largo y a lo ancho de la sociedad humana. Lo que fuera en su inicio, algo que sucede en un extremo del mundo, un país exótico, pero a su vez temible, pronto aparece en la escena mundial, mucho más rápido que la mente es capaz de elaborar. La complacencia quizá, o la indiferencia del mundo occidental rico y satisfecho de si mismo, recibieron un tremendo golpe que recién advertimos y produjo un daño quizá irreversible, en el ego de la moderna civilización.

Ante todo, las características casi desconocidas del virus y su comportamiento errático, y la entonces confusa e insegura reacción de sus mentes más agudas, dejó mucho qué pensar en el público en general. Cuando el paciente, recién contagiado, no sabe ni siquiera que es portador, y que unos días después, hasta dos semanas, recién verá aparecer los síntomas, pierde toda confianza y siquiera, esperanzas promisorias. El extravagante germen, con un nombre aún más burlesco, Corona, despierta en la imaginación humana, un error, un lapsus indecible. Peor aún, son las tremendas contradicciones entre los propios investigadores, la falta de concreción de las leyes contrariadas de las enfermedades que afectan a los pacientes. Simplemente, nadie sabe a ciencia cierta cual, o cuales tratamientos son efectivos, y menos aún, como evitar el contagio extensivo. Si el aislamiento, es la única estrategia vigente, vienen de pronto algunos casos particulares sucedidos en los más remotos lugares y nos dejan un ojo en compota. Cierto que de esa única manera, y con medidas tomadas a tiempo, muchos países han reducido el contagio de manera significativa. De allí también el reconocimiento de algunos lideres que supieron tratar la crisis de manera profesional; ministros de salud que son médicos y no meros políticos, o dirigentes mujeres dotadas de una sensibilidad esencial. Eso a diferencia, como he hecho notar en un texto anterior, aquellos desalmados e incapaces dirigentes políticos, encerrados en su propio ego infantil. Que me disculpen los niños, son más intuitivos que aquellos.

Más allá de la cuestión puramente profesional medica, creo que una de las manifestaciones de las que poco o nada se comenta, es en la influencia psicológica sobre las personas. Ante todo, a raíz del aislamiento obligatorio, que las personas acataron también sin leyes estrictas, previendo que es lo único de lo que se dispone para atenuar la calamidad. Algunos países optaron por regímenes estrictos bajo supervisión policial, pero en otros más libres y abiertos, la gente entendió claramente el apremio. Pero las consecuencias del encierro, parecen haber provocado otro tipo de quebranto y afección, cuyas consecuencias son palpables, al momento de la liberación. La apatía y el desgano, parecen ser el resultado más grave de la situación de encierro en soledad. Según el escritor Lewis Trondheim, “El síndrome del prisionero es cuando alguien está encerrado y no hace nada. Como no hace nada, está cada vez más cansado y tiene cada vez menos ganas de hacer cosas.” Esto se puede comparar con la teoría denominada “El dilema del prisionero”, (investigado por Flood y Dresher en 1950), el cual “debido a su situación tan estresante, actúa en contra de sus propios intereses, al negarse a colaborar con sus semejantes”.

No obstante, en ambos casos, se dan soluciones satisfactorias, pero a largo plazo, aunque se podría suponer que también los daños se extienden por mucho tiempo, o por siempre.

A nivel personal, puedo testificar que llegar a desarrollar este pequeño texto, me llevó un buen tiempo de dudas y un gran esfuerzo para superar mi desgano. Una especie de abulia que se instaló cómodamente en el “dolce far niente”, una ociosidad aparentemente agradable. Pero he aquí la cuestión… El ser humano, a comparación de otros en el reino animal, posee capacidad reflexiva, y de allí la opción de ser creativo. Es decir, no aceptar las cosas como son, porque si. No obstante, no insto a pretender cambiar la naturaleza y en cambio respetar su tradición, pero si saber dar buen uso a los instintos y superarse a si mismo. Están quienes adoptan la fe en una figura suprema, que según ellos sabe guiar su camino, y no obstante aun así, el ser humano debe atender a sus inclinaciones productivas.

Esas son las enmiendas que atino a proponer, para subsanar la situación de abulia y rechazo, a las que algunos fuimos llevados a raíz de la crisis. “Mente sana en cuerpo sano”, no es apenas un dicho del cómico romano Juvenal en su Sátira X, 356, del siglo II, es sino “disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado”. Es decir, que ante todo poner en práctica cualquier manera de acción física.

¡Salud para todos!

Josef Carel

2 comentarios sobre “Realidad inimaginable

Responder a cesar jose tamborini duca Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .