Nacionalismo e internacionalismo


Para una niña que nació durante el franquismo el derecho a su propia lengua, a sus costumbres y a su historia estaba prohibido. En el colegio te hacían sentir que una nota de distinción era hablar castellano e imitar los gestos, las palabras “bien sonantes” de lo que te decían que era correcto o no. Pero nunca dejaron de hacerte sentir tu condición, o sea hija de trabajadores y una legítima “muerta de hambre”, si por un pequeño asomo se te ocurría exhalar un “y ¿esto por qué? Se te respondía

tajante: “Una señorita bien no debe hacer tales preguntas”. El castellano, el dogma católico, el sistema fascista, era lo único a lo que podías aspirar, rebelarte podía acarrearte serios problemas.

En un principio de mi llegada a Francia creí ingenuamente en la fraternité, liberté, égalité, tal y como reza su consigna. Cinco años de convivencia, de estudio de la cultura gala que no en vano fue el faro de progreso y de los derechos humanos, no bastaron para ser reconocidos mis derechos, que yo creo universales.

Y es, ya de vuelta a mis lares cuando empiezo a preocuparme en lo que son los nacionalismos, porque en mi fuero interno yo respondo a la consigna de “Mi patria es el mundo y mi familia la humanidad” o sea mi profundo sentir internacionalista.

Lo más chocante fue encontrarme, ya en el proceso de la Transición, muerto el dictador, que el movimiento comunista fuese “nacionalista”; se iba a la búsqueda de la identidad de nuestro pueblo, que había sido tan masacrado. De ahí vinieron y se acentuaron las diversas nacionalidades por regionales, de antiguos reinos. Así tenemos la comunidad Gallega, la Catalana, la Valenciana etc.

A mí me chocó mucho que los comunistas, que siempre fueran internacionalistas, fuesen los más empeñados en defender lo nacional, lo casero.

En un principio los nacionalistas eran las personas de “derechas”, los que tenían a la postre, que defender unos privilegios, unas posiciones de identidad con lo “correctamente usado”, lenguaje, protocolo de relaciones, convivencias culturales etc. Pero que los comunistas se levantaran como defensores de lo nacional resultaba chocante. Bien es verdad que existe una diferencia notoria y es que la gestión de defensa de los comunistas se ceñía solamente a la lengua y a la identidad y el talante en su práctica es democrático. Como siempre suele haber profundos motivos que dan o explican diferentes causas, y es de suponer que de igual que los comunistas italianos que se inventaron aquello que llamaron “el eurocomunismo”, es de suponer que intentaron contrarrestar la barbarie de Stalin eliminando familias y pueblos enteros y desplazando a los sobrevivientes a Siberia. No obstante yo sigo guardando un cierto temor en mi fuero interno. Poco antes de empezar la enorme crisis que estamos atravesando se empezaban a sentir conceptos xenófobos en relación con una u otra nacionalidad. La apariencia física, color del pelo, hábitos, comportamientos. Cada uno viviendo en departamentos estancos. Aquí el colegio tiene un papel fundamental en la integración de las diversidades que ya pueblan este país.

Llegamos incluso a oír, que los extranjeros “viene a robarnos el trabajo”.

Esto que se suele decir de forma demagógica y como es natural emprendo un debate para hacer comprender, que, un trabajador es una riqueza para el país receptor y una pérdida para el país que lo pierde, que cada trabajador solo recibe el 10% de la riqueza que ha ayudado a generar, aunque una parte de lo que gana lo manden a su país y que a fin de cuentas, es una manera como otra de ir equilibrando las injusticias

que hemos realizado en doscientos años de espolio a los países colonizados. Hoy ya estas voces se han acallado porque gran número de nuestros jóvenes toman la ruta hacia el extranjero a la búsqueda de trabajo y mejores perspectivas, volvemos a ser los emigrantes de siempre.

En cuando a los nacionalismos hispanos, todo lo que vaya más allá de la búsqueda de propias raíces, nos llevará hacía unas posiciones de intransigencia que solo nos puede abocar a una catástrofe de consecuencias imprevisibles…

Así que dejemos a los nacionalismos en el área de la identidad e intentemos crear con el internacionalismo y sus valores una fraternidad que nos llegue a todo.

Salomé Moltó

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