Intentando consolarse


Marta seguía pensando, mientras con unas bolas de hielo rebajaba la hinchazón que tenía en el ojo izquierdo y la mejilla, que nunca su marido se hubiera atrevido a golpearla. Volvían a su mente aquellos hermosos tiempos cuando empezaba la carrera de comercio, cuando conoció a su marido, con solo tres años más joven que ella, que aunque no tenía la misma capacidad intelectual que ella para sacar buenas notas, en el deporte era un verdadero héroe. Su simpatía, dinamismo y actividad cara a todo en mundo, la sedujo. Se casaron, pero no pudieron tener hijos, una dificultad en la sangre hacía que no pudiera ser madre, este problema la tuvo muy acomplejada durante mucho tiempo y nunca se pusieron de acuerdo para adoptar a un hijo.

La bebida, el juego, el consumo desenfrenado, tampoco dio resultado, nada les consolaba de aquella situación con la que tenían que vivir.

Y un buen día averiguó que su marido había tenido un hijo con otra mujer, los sentimientos negativos brotaron como un volcán, aquellos pequeños defectos, inconvenientes, enfrentamientos y demás inconvenientes que en su momento se superaron, surgían ahora con fuerza, insultos, chillidos, censuras insulsas y absurdas.

Los audífonos le hacían sentir una muy hermosa música, el bolero de Ravel, la leyenda del beso, Granada, así por lo menos el dolor de la cara se soportaba mejor, por eso cuando la ambulancia se iba de su casa no hizo demasiado caso, algún vecino que no se encontrará bien, pensó.

Cuando bajo y entro en casa para preparar la cena, su marido no estaba, se habrá ido a ver a la … O a jugar una partida de cartas con los amigos “que le den” y su mente se iba exaltando llena de hermosos recuerdos y que no llegaba a aceptar que las cosas hubieran cambiado hasta ese punto. ¿Lo odiaba, lo despreciaba? ¿A un hombre que tanto había amado tan culpable era de no haber podido tener un hijo? ¿Habría que creer en el divorcio, cómo iban a repartirse la casa y todo lo demás? Estaba totalmente confusa, no llegaba a razonar debidamente

Sonó el teléfono del hospital, la enfermera después de preguntar si hablaba con la señora López le dijo que su marido estaba en el quirófano, pero que no se preocupara que el peligro del accidente que había tenido, estaba superado y que pronto podría volver a casa.

Quedo paralizada, sin saber lo que le pasaba, de repente cogió el chaquetón y el bolso y salió corriendo hacia el hospital, quizás un brote de sentimientos afloraron en ella.

                                                                                        Salomé Moltó

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