La ceguera objetivista


Lo único global que resta en el mundo es la endemia de la cual la humanidad está padeciendo. Es más que sorprendente, hasta diría delirante, observar los lazos humanos que han surgido a lo largo, como a lo ancho del planeta. Amen de ello, el medio ambiente parece estar retornando a un estado casi olvidado de pureza, tan solo en un corto tiempo. Toda la lucha de científicos y mucha otra gente preocupada por los graves problemas que el hombre ha causado al planeta, parece ser cosa del lejano pasado.

Pero creo que uno de los cambios más profundos que se están perfilando, es la acepción diferente de las personas, entre el elogio del propio yo, y el universo que le rodea. De pronto el ser humano ha dejado de ser el centro de todo, y sé esta ubicando en una dimensión mucho más proporcional a su propio tamaño. Es decir a su diminuto lugar en el universo infinito. La dimensión infinitesimal del humano, en relación con el cosmos. En la totalidad de la existencia, el hombre apenas es algo, a diferencia de lo que pensó de si mismo a través de la historia.

Pero no solo en cuanto al espacio cósmico, también en su psicología y la acepción de si mismo en la vida cotidiana. El concepto del yo, como centro de los acontecimientos, se ha tornado de pronto, a raíz de la amenaza del virus, en banal, no importante. Hemos sido muy egocéntricos y hasta desinteresados por todo lo que ocurría en el medio ambiente, a nivel general. La salud era solo cuestión de la propia persona… Alimentarse mejor y más saludable, ejercitar el cuerpo para vivir más y mejor. Y no solo en cuanto a la conservación de su cuerpo, también cultivar el espíritu y la cultura, como las relaciones sociales y el estatus socio económico. El concepto de “persona de éxito” tomó un lugar sustantivo y esencial en la existencia del ser humano. También un grupo humano que haya logrado destacarse en dichas cualidades, supera las escalas de la importancia. Eso paso a ser sinónimo de la humanidad, que fue denominado entonces, civilización.

Adorar lo objetivo en lugar de lo subjetivo. Para un chaman indígena, por ejemplo, el oro que está en la tierra, debe permanecer allí, como tantas otras cosas que pertenecen a la naturaleza; el hombre civilizado extrae el oro para exhibir en público su riqueza. En el camino destroza el medio ambiente, emponzoñando la tierra con venenos de mercurio, dejando sus trazas por miles de años. Como enunciado, el hombre primero, el cosmos no existe, es de propiedad exclusiva.

Y de pronto… Un insignificante, al parecer, e invisible virus, desata un caos en el oráculo humano. La desesperación por la supervivencia ha tornado banal todos los valores establecidos por la civilización actual. La cultura y las artes, amen de la tecnología y las ciencias, adoradas por el culto moderno, son ya simples trivialidades. Por cierto, el vulgo objetivista, al mero definir de la felicidad propia ante todo, nunca termino por apreciar las obras de algunos artistas y pensadores complejos. Aquellos que optaron por describir la estética de las cosas antes que su contenido. Pongo como ejemplo un trabajo pictórico de Brueghel, “La parábola de los ciegos”, que destaca la incapacidad de los humanos de comprobar el camino donde pisan. O al decir del Evangelio según Mateo: “Dejadlos: son ciegos que guían a ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo”. Pero, como se aclara antes, el observador objetivista de la obra, se dejara llevar por la estética de la misma y no por su contenido. Haciendo caso omiso de ello, los comentaristas destacan los detalles técnicos de la obra, y no su mensaje apocalíptico. El vulgo, sigue con fruición esas nimiedades porque le llenan de emoción, objetivamente.

Mi reciente articulo: “Se busca un líder sabio”, publicado en el sitio http://www.kosasparadecir.com implica las esperanzas de un cambio profundo en el pensamiento humano, a raíz de la crisis actual. Para ello, me parece imprescindible el surgir de líderes de altura, para quienes no importaría la política del populismo.

Por otra parte, si al final del túnel, las concepciones objetivistas seguirán dominando, habremos perdido una oportunidad única. Entonces, el próximo estallido de la naturaleza, será sin dudas, el fin de todo.

Josef Carel

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