Envejecer con dignidad


      Difícilmente se puede  envejecer con dignidad cuando no se ha vivido con ella. Te das cuenta, a través del tiempo que se trata de uno de los valores más difíciles de guardar, y esta cualidad tiene que ir acompañada de: coherencia, respeto, bondad, solidaridad y honradez.

      ¿Se puede vivir sin perder todos estos valores?. Yo diría, más bien, que no se puede vivir sin ellos. Todo depende que cómo tomemos la vida, qué gama de valores reinan en ella, qué estamos dispuesto a ofrecer y a recibir. Todo ello configura nuestra existencia y nuestra personalidad.

      Bien es verdad que la vida es una constante lucha. Somos explotados, humillados,  engañados, y muchas veces, incluso, masacrados, en directo o en diferido como ahora con el covi(ya lo llaman así) La esclavitud toma matices y grados de los más diversos. Unas ideologías sustituyen a otras constatando que siguen fomentando las sociedades piramidales donde en la cumbre, siempre está el patrono, el jefe, en fin, el dictador y sus acólitos, para seguir eternamente la   desigualdad,  la eterna explotación. Y sabemos que sutilmente hay “investigadores” que toman nota del porcentaje de gente que lleva mascarilla y cuanta no la lleva, si permanentemente o al acercarse otra persona.

      Muchos piensan que la lucha es necesaria, el enfrentamiento entre las personas las curte, las hace fuertes y van progresando. Quizás esto sea válido en una sociedad piramidal, en la que el despotismo se asienta sobre el sufrimiento de la base social.

      Los que pretendemos una sociedad igualitaria, responsable y libre, el enfoque social es totalmente diferente y en ella, defendemos un conjunto de valores que nos hagan vivir con dignidad. Y ello en todas las etapas de la vida, juventud, madurez y declive o vejez donde la agresión, de los que se siente más fuertes, se repite con demasiada frecuencia. Por eso es doloroso comprobar los abusos y malos tratos a los niños, a las mujeres, a los viejos. El matón no puede sentirse como tal, si no tiene la ocasión ni a nadie a quien maltratar. Así que ir aceptando el declive de la vida no tiene porque tener añadido el mal trato de los prepotentes.

      Por eso abogamos  a que se valore la experiencia, la gran universidad de la vida, a que el fuerte no abuse del débil, a por  un envejecimiento con dignidad.

Salomé Moltó 

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