La dimisión de Gallardon y demás circunstancias


No deben de ser muchos los que se extrañen de la dimisión del ministro de Justicia Sr
Gallardón que aunque ya hace un tiempo, parece que las cosas no han mejorado, más bien todo lo contrario. La controvertida ley del aborto no podía ser aprobada, entonces, ni siquiera por un gobierno liberal que no llega a votar, algunos derechos sociales. Parece ser que incluso una mayoría de los dirigentes del PP estaban en contra de una ley que sea como la más represiva de toda la Comunidad Europea y que nos retraía a tiempos de la dictadura franquista, a una dictadura inconcebible en una democracia que se precie.
Tampoco se puede negar que el tema es sumamente importante y lo peor, que se hayan
polarizado las posiciones haciendo pasar por poco más que, por asesinos a los que están a favor del aborto y a unos “santos humanistas” a los que están en contra. No, el problema es muy delicado, porque afecta a la salud tanto física como mental de nuestras jóvenes, los debates interminables de cuando un feto es un ser humano y cuando todavía no. Viene a ser lo mismo que si te preguntarán:
¿Pero usted desea que le cortemos la pierna a este hombre?- “Pues no, claro, ¿cómo voy a querer que le corten una pierna? “Es que la tiene gangrenada” “ Bueno eso es otra cosa, entonces sí, que se le corte la pierna y salven su vida”. Este simple ejemplo nos podría invitar a profundizar un poco más en tan delicado asunto y llevarnos a ver con más claridad en las consecuencias y sufrimientos que muchas mujeres pobres, ya que las chicas ricas se pagan un fin de semana en el extranjero, y abortan sin ningún escrúpulo, entonces, esas chicas humildes, la mayor de la veces violadas, tienen que vivir una situación sumamente traumática, porque ninguna mujer abortaría si tuviera garantizada la salud y el bienestar de su hijo.
Que duda cabe que la vida de un ser humano es un bien preciado, pero lo es también la madre que va a necesitar muchos apoyos para poder criar a ese posible ser humano que lleva en sus entrañas.
Lo curioso es que toda esta pléyade de desaforados en pro del feto, supuesto ser, no tienen ningún escrúpulo de mandar a esa juventud, cumplidos los veinte, fusil al hombro, cualquier guerra que los gobiernos se montan. Nos gustaría oír también que la vida de un muchacho es un bien tan preciado o más, que cualquier feto, que se unieran los esfuerzos contra las guerras, contra todo tipo de violencia y muerte.
Y como siempre, suele suceder, que algún prelado ha puesto el grito en el cielo porque el
paquete represivo y arcaico que la Iglesia tenía preparado no ha sido aceptado, ahora empezarán las “negociaciones” para tratar de endosarnos la peñora, aunque parece que con el nuevo Papa se siente un ligero aire más evolutivo, a pesar que el tiempo pasa y no se oye ni se ve nada pues, buena falta hacen soluciones serias y consecuentes.
Es curioso constatar como reaccionan las personas ante esquemas o planteamientos psicológicos o políticos, esquemas de pensamientos preestablecidos que se cogen como valores fundamentales que se imponen y que todos acatan sin reflexión. Se toma algo como correctamente válido, que suele venir de tiempos remotos, cogido como tal, se impone y que nadie cuestiona, es así y punto, incluso es de mala educación ponerlo en duda y se repite al unisono. Queda como un valor a defender que la gente adopta sin cuestionarse si tal corriente de opinión es correcta o no. Y ahora, con el coronavirus las posiciones se desbordan.
El problema, no obstante, tiene una solución adecuada. En toda sociedad libre y democrática la información y formación sexual de la población, tendría que ser una asignatura importante, una asignatura que gradualmente se fuera aprendiendo, sin traumas ni falsas hipocresías. Somos seres sexuados y admitirlo es lo más simple y natural del mundo. Que se sepa, sólo existen dos sexos, el masculino y el femenino, el uno busca al otro, como respuesta natural a nuestra supervivencia y procreación y siendo ésta de la mayor importancia, una madre tendría que tener garantizada por la sociedad en la que vive, una seguridad y bienestar para todo posible ser humano que vaya a nacer.

Salomé Moltó

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