Semblanzas del medio pelo, mérito y picardía


Nadie describió a esta especie mejor que Don Arturo Jauretche. Sin menoscabo de ello sacaremos otras conclusiones similares, un poco más actualizadas. Veamos detenidamente la especie “medio pelo”.

El “medio pelo” o el “venido a más” es aquel que en primer lugar reniega de su condición humilde de antaño, la desprecia, siente un solapado  desdén por los pobres y oculta su pasado exhibiendo el próspero presente no siempre cristalino.

Fue en sus orígenes beneficiado por las políticas públicas del Estado y accedió a una vivienda, trabajo digno, jubilación, vacaciones, bienestar para él y su familia. Todo aquello que carecía. El “medio pelo” es normalmente un pícaro, que  ganó dinero en base a especulaciones y mañas, por ejemplo eludiendo impuestos o deudas de sus acreedores  mediante  rebusques y patrañas. Insólitamente reniega y le encanta recalcar que desea vivir en otro país mejor. Profundamente desagradecido con la patria que lo cobija, el “medio pelo” nunca llega a ser rico  de estirpe real y eso le duele mucho porque piensa como un rico, como un oligarca. Se desespera por ser un verdadero hacendado, pero no puede.

Entonces su vida se convierte en una representación de rico, de pudiente. Ejecuta la dramaturgia de un oligarca. Algo así como un estanciero sin estancia. Una copia de mala calidad. Ese fracaso lo acompaña toda la vida. Habla de sus méritos para disfrazar su picardía. El mérito es una virtud unilateral. La picardía es cierta habilidad para hacerse de algo sacando ventaja del prójimo. Confunde de ex profeso el mérito con la picardía.

El “medio pelo” muestra en toda ocasión sus “blasones baratos.” Tarjetas de crédito, referentes de solvencia, contactos y relaciones con señores importantes. Se embarca en interminables soliloquios acerca de sus viajes por Europa, luce vestimenta a la moda de buena marca y automóvil aparatoso. Provisto siempre de su teléfono móvil de última tecnología. Ávido de lo nuevo siempre está al tanto de lo que el mercado ofrezca en materia de “juguetes” electrónicos.

Tacaño, tilingo y banal, “el medio pelo” desespera por llamar la atención del pudiente, pero éste lo ignora. Sus esfuerzos son en vano porque no pertenece a la oligarquía vernácula, solo intenta parecerse. En sus hogares  por su puesto se ufanan de ser los mejores en lo que sea. La graduación universitaria no les otorga título de aristócrata ni de poderoso, pero no lo comprenden.

El graduado universitario “medio pelo” es una sub especie. En muchos casos tuvo acceso a una carrera de grado gratuitamente en la universidad pública. Hijos de proletarios en su mayoría, en pocos años de profesión abandonan su pasado, migran a un barrio de categoría y tras un doble apellido agregado comienzan a luchar por incorporarse a la nobleza, que jamás los recibe de buena gana.  

Las políticas progresistas le repugnan al “medio pelo” sin reconocer que el progresismo que combate es aquel que lo sacó de su condición humilde y lo impulsó en su bienestar.

En realidad el “medio pelo” padece de un horrible complejo de inferioridad. Sabe que masticó pobreza en su infancia pero lo quiere tapar a toda costa. Lejos de dignificar a sus semejantes de origen, los aborrece. Sabe que viene de un barrio periférico pero no puede soportar el sufrimiento que ello produce en su egolatría.

Quiere vivir en barrios donde habita históricamente la oligarquía, aunque sea en un altillo, pero no puede acceder. Entonces, como bien señala don Arturo Jauretche, va acercándose de a poco, va mudándose con tendencia hacia el norte de la ciudad.

La oligarquía argentina en verdad no proviene de un origen nobiliario ni aristocrático. Proviene de espectaculares ganancias provenientes del agro. En efecto sus antecesores obtuvieron de la corona española las tierras que pertenecían a los aborígenes, sobre las cuales amasaron sus fortunas utilizando la mano de obra barata  de criollos e inmigrantes.

Pero al “medio pelo” no le interesa el origen de la aristocracia, el quiere ser reconocido como tal y fracasa porque el oligarca se mezcla solo con el oligarca.  Entonces no le queda otra cosa que hacer ostentación entre los más humildes.

El “medio pelo” carece de doble apellido ilustre. El doble apellido que luce es una graciosa mezcla cocoliche que huele a sainete de conventillo, rayano con el ridículo. Lo sabe pero usa doble apellido pese a todo.

Tiene cierto léxico propio en el cual confluyen términos vulgares con vocablos de la lengua anglosajona. Es muy superficial, de cultura remisa y básica. Aún graduados universitarios carecen de formación esencial.

El hogar del “medio pelo” es igual en todos los casos. Son capaces de fingir un palacio en pocos metros. Hay desde mastines hasta cintas de bicicletas. Conviven los objetos traídos de Europa con una máquina para hacer pastas y un palo de baseball. En la casa del medio pelo no suelen haber muchos libros. A lo sumo algún diccionario de 50 tomos para decorar el ambiente.

Desea concurrir a los lugares más reconocidos de la aristocracia para practicar deportes, ambiciona tener un espacio en algún barrio cerrado de idéntico origen, enviar a sus hijos a los colegios de la alta sociedad, pero no es bien visto por el núcleo humano al que pretende incorporarse porque sencillamente no  pertenece a ese estamento social.

Se endeuda si es necesario y compra lo que sea para tener “status”. Le encantan las camionetas que parecen blindados de combate porque quiere ser poderoso. Experto en las últimas novedades de la moda no tiene vida interior y habla de algún libro de auto ayuda como si fuese una obra de Shakespeare o Tolstoi.

El inconsciente lo traiciona a menudo llevándolo a su origen por algunos momentos. Entonces participa de alguna actividad propia de su verdadera clase social. Se siente parte de algún rito popular deportivo o cultural. En reuniones con otros “medio pelo” suele confesarse. Luego se reprime retornando al personaje que representa.

El “medio pelo” naufraga en su inútil objetivo de parecerse a lo que no es. Algo lo ha llevado a desesperarse por ser lo que nunca va a ser. Ese naufragio de impotencia le hace perder la felicidad, la no aceptación de su condición de origen. La tentación imaginaria de pertenecer a una nobleza de títulos que curiosamente tampoco existe en nuestras tierras.

colaboracion de

Hugo Andrés De Simone.

2 comentarios sobre “Semblanzas del medio pelo, mérito y picardía

  1. HUGO ANDRES DE SIMONE plasma de manera concreta ciertas conductas de la sociedad, o al menos, de cierta categoría social, propia de Argentina pero no ajena a otros países donde a lo ya mencionado, se le agregan prejuicios y desprecios.
    Nota para reflexionar y tener presente.
    Y para no perder el rumbo.

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  2. Señor De Simone, lo felicito, me pareció magnífica la descripción que realiza del actual medio pelo (se entiende, argentino). Lector y admirador de Arturo Jauretche entre cuyas obras leí «El medio pelo en la sociedad argentina» me rindo a la magnífica descripción realizada por usted 70 años después. Poco ha cambiado. Un saludo cordial.

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